La repercusión que los alimentos genéticamente
modificados provocan en los diferentes países europeos
es muy diversa. Mientras que los austriacos y franceses rechazan
los transgénicos de forma comprometida, los polacos
y británicos demuestran poco interés por el
tema. Los que menos reservas tienen contra los alimentos genéticamente
modificados son los neerlandeses. Esos son los resultados
del estudio "European Consumer Study 2004" realizado
por el Instituto de Investigación GfK (Growth from
Knowledge), en el que se preguntó a 9.400 consumidores
de ocho países europeos, entre otras cosas, por su
posicionamiento frente a los transgénicos y la alimentación
sana.
Un 59 por ciento de todos los consumidores austriacos y un
51 por ciento de todos los franceses no están dispuestos
actualmente, bajo ningún concepto, a comprar alimentos
con ingredientes modificados genéticamente. En Alemania,
el número de personas que rechazan ese tipo de productos
modificados habría subido desde apenas un tercio en
el año 2001 hasta llegar ahora al 44 por ciento.
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